Accésit en el VII CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA JB

RAYITO

Hoy me ha llegado la notificación  del fallo del VII CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESIA JB en el que se otorga el CUARTO ACCÉSIT a mi poema “El niño en la cuna” inspirado en el microrrelato de Juan Ramón Ramón Jiménez: “Rayito de sol”.  Comparto mi alegría con todos cosotros. Un abrazo.

 

 

Elniño en la cuna

Detrás del horizonte, para empezar su viaje;

mientras la hermosa luna se quita el maquillaje

solemne de su faz; el sol se despereza.

El cuenco adormecido del firmamento empieza

a suavizar el brillo, con singular destreza,

de todas las estrellas tan pronto la belleza

de los primeras luces le cambian el color.

Y en un pequeño cuarto, con el primer albor,

un rayo pequeñito de diáfano equipaje,

como una mariposa de singular tibieza,

se posa en la manita de un niño con amor.

 *

El pequeño despierta sin el menor sonido,

y tiene ante sus ojos aquel botón florido

que mágico se mueve, despacio, y lo acaricia.

Entre sus dedos fluye, con sin igual pericia,

la gualda lucecita que es toda una delicia,

que deslumbra sus ojos y su ansiedad codicia,

entonces palmotea jugando con el sol.

Después, el cuerpo curva, tal como un caracol,

porque la luz prosigue su lento recorrido,

escapa de sus manos y otro camino inicia

por la espaciosa cuna fuera de su control.

*

El niño la persigue con la mirada atenta,

feliz con el  prodigio: babea y se contenta

al ver su mariposa colgar de un sonajero.

En su idioma callado, la reclama primero,

luego mueve las piernas, después el cuerpo entero

que conmueve la cuna. Vibra el bello lucero

que al temblar le provoca nuevamente la risa.

Y el pequeño que aprende que al moverse deprisa

aquel brillo se mece, muchas veces lo tienta

hasta que, inevitable, misterioso y ligero

el fulgor con que juega muere en una repisa.

*

Vuelve así la quietud a la boca entreabierta

del bebé que no duerme, que con ojos alerta

el pretil examina de su inhóspita cuna.

Ha perdido en las sombras, sin que razón alguna

justifique el prodigio, la preciosa fortuna

que llenaba su mundo de esa luz oportuna,

juguetona y brillante que le hacía ilusión.

Y por fin sin que nadie sepa dar la razón

rompe el niño en un llanto que a la madre despierta

y en la magia lo envuelve de su voz, y lo acuna,

y le seca las lágrimas, y le da un biberón.




Felipe Grisolía, marzo 2018
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