
Te lamentas como una vieja bestia
y te revuelves, Europa,
y limpias tus campos
de amapolas coaguladas en tus garras.
Y lloras porque sigue cayendo,
en cada amanecer,
una lluvia salobre y carmesí
de oscuros pétalos moribundos
que reabren tus heridas.
¡Gimes, Europa!
Lloras tu fría inoperancia,
tu injusto desagrado,
tu enorme y conveniente desmemoria.
¡Gimes y lloras, Europa!
Lloras y gimes mientras tus aguas
siguen escupiendo flores, flores rojas,
y una ensangrentada media luna
riela tus mares y naufraga implorante,
bajo la arena muda de tu historia.
