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El hombre que quiso ser un héroe

ilustracionJuan Pérez es un hombre cónico; de pies grandes, piernas gruesas e inmensas caderas, que se adelgaza hacia arriba y acaba en unos hombros casi inexistentes. Es menudo y regordete, gasta bigote exiguo y calva con cuatro pelos largos que peina de izquierda a derecha. Camina sin elevar los pies, con el cuerpo proyectado hacia adelante para conservar la inercia y posee cierta destreza en pasar inadvertido. Es de sonrisa fácil pero triste. Viste traje eternamente arrugado; marrón en invierno y beige en verano. Es un negado para casi todo. Un ignorado y un buenazo que en la oficina, de puro buena gente, oficia de comodín para cualquier mandado. Sabiéndolo de tal pelaje nadie podría imaginar que Juan Pérez anhele ser un héroe. Sin embargo así es. Cuando mira por la ventana, cuando camina por la calle entre la gente, en el metro, en su casa, en todas partes, sueña con un acontecimiento que le eleve por encima del común de los mortales. Que le permita volar, tener fuerzas para repartir tortazos y visión de rayos x para ver lo que nadie puede ver a simple vista. Y mientras sueña hace lo que hacemos casi todos; se conforma con lo que le ha tocado. Así que el día que lo ví en la gran vía iría pensando en eso. El no me vio porque andaba ligero, atento a las baldosas. Su niño le esperaba mirando baloncesto en el parque. No le vio llegar ni advirtió su presencia hasta que el balón, escopetado desde la cancha, casi le acierta. Juan atajó la pelota y sonrió y luego, como quien no quiere la cosa, la devolvió con fuerza por encima de la valla. Entonces ocurrió. El balón trazó en el aire una parábola imposible, atravesó la cancha y, haciendo un giro extraño, se hundió limpiamente en la mas distante de las canastas. La reacción del hijo es difícil de explicar con palabras. Primero titubeó y luego, corrió como un endemoniado hacia su padre y se le abrazó a las piernas gordas. A mi también me impresionó. Desde entonces ya no me parece el mismo Juan; lleva el cuerpo erguido, no se desliza cuando anda y además, esto es lo raro: ya nadie le manda a los recados.

fin

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6 Respuestas a “El hombre que quiso ser un héroe

  1. Ricardo

    20 enero, 2012 at 15:53

    Bonito relato….

     
  2. Antonio Ramirez

    19 mayo, 2014 at 13:28

    Hola que tal. saludos. estamos en contacto… he leído tu aportación a las letras.

     
  3. Julia Lucas

    21 enero, 2016 at 15:59

    Qué bueno, Felipe, cómo un hecho fortuito puede cambiar la visión que uno tiene de sí mismo y contagiar esa mirada a quienes lo rodean. Fenomenal. Me encanta.

     
    • Felipe Grisolía

      5 noviembre, 2016 at 9:17

      Gracias Julia, hasta hoy no había visto tu comentario. Un beso grande.

       

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