Felipe Grisolía

Encuentro delirante


Perdone si me equivoco
buscándola en mi recuerdo.
De su nombre no me acuerdo,
ni de su rostro... tampoco.
Lo que ocurre es que trastoco
cuanto tengo frente a mí.
Lo importante o baladí
adquiere el mismo valor
y hasta cambia su color
todo cuanto ya viví.

Veo rojo lo amarillo
o azul cobalto lo verde
Si hay un matiz se me pierde
en este batiburrillo.
Todo carece de brillo
sea opaco o deslumbrante,  
aburrido o trepidante,
sea mujer o varón,
solo existe en mi razón
lo que tengo por delante.

Es terrible esta dolencia
que me aqueja y atormenta.
Apenas si me doy cuenta
de mi falta de conciencia
rayana en la incoherencia
cuando impulsivo me expreso,
y sin pensarlo, confieso,
en el medio de la calle,
la sujeto por el talle
y en sus ojos me embeleso.

Comprendo que le parezca
esta excusa un poco burda,
que mi conducta la aturda
y que su tez palidezca.
Mas le ruego que merezca
el mal que me tiene preso,
su comprensión y por eso
mientras me mira perpleja,
quede en su boca bermeja
mis disculpas con un beso…