Felipe Grisolía

Estrella (jotabeí)

Estrella: (Jotabeí) 1er premio internacional de poesía en rima Jotabé 2016

I

Se acalla el grillo entre la hierba verde
que bordea la alberca, y se pierde.
.
Quieta la brisa, las hojas no mueve.
Una miríada de estrellas llueve
en el estanque reposado. Breve
momento en que la blanca luna bebe.
.
Veloz traspasa el cielo una centella
cual anuncio fugaz. ¡Celeste huella!
.
No habrá mayor silencio que recuerde
ninguno como aquel instante leve
en que al mundo llegó la hermosa Estrella
.
II
Sale del vientre en la caliente aurora
como fruto del amor; tiembla y llora.
.
Brota cual semilla al cálido arrullo
de la mano sabia. Nervio y orgullo
de una flor, otra flor en su capullo.
Frágil brote del sin igual bandullo
.
es un tesoro de promesas lleno
que el hogar colma cual amado estreno.
.
Recién llegada y ya el silencio atora
y ante su voz, con singular murmullo,
se encoge el prado con amor sereno.
.
III
Comienza la mañana, el sol asoma
y habla cada color, su propio idioma.
.
Retorna el jilguero empedernido
a cantarle a su amada. Encendido
el aire, un puñado colorido
de mariposas suelta divertido.
.
La brisa, mientras tanto, silenciosa,
fino tamo sobre el camino posa;
.
mece el lirio que de la alberca aroma
y repeina la hierba. Prevenido,
el prado todo, de color rebosa.
.
IV
Sale a jugar Estrella; la campiña
feliz la acoge. La graciosa niña
.
agita el polvo con su paso leve
mientras corre. En su mano de nieve,
un muñeco de trapo que ella mueve
con gracia singular. Su risa breve
.
bota en cada rincón y su alegría
renace a cada instante. Con porfía
.
de cada flor atenta se encariña
aunque no las arranca. No se atreve
porque dolerlas, su dolor sería.
.
V
Promedia la jornada, se desploma
inclemente el calor. Una paloma
.
arrulla con tenaz monotonía.
La oculta el ramaje, es mediodía.
La araña se recoge en su sombría
cueva, en tanto, la voraz porfía
.
de la colmena, en las bellas flores
se entretiene libando. Los olores

que cada fruto madurado toma
se trasmiten al aire y la alegría
de Natura se esparce en sus favores.
.
VI
A la sombra de un árbol la más bella
flor suspira y sueña. ¿Puede ser ella
.
la que descubra al príncipe soñado?
¿La que de labios de su bien amado
el néctar beba del imaginado
beso de los cuentos? Inesperado
.
el sueño de la siesta llega y cierra
sus ojos, su mente deja la tierra
.
cabalgando la luz de una centella,
y cruza el mar, que imaginó dorado,
más allá del prado y de la sierra.
.
VII
Y mientras duerme, el cielo precavido
vigila que en el prado no haya ruido
.
que interrumpa el momento, que la brisa
no llegue a despertarla; que sumisa,
se calle la paloma o que la prisa
de la araña en volver a su precisa
.
tela se disipe. Quiere que Estrella
siga siendo la idílica doncella
.
del cuento, donde el príncipe atrevido
llegue y audaz le bese la sonrisa
por ser, de todas, la mujer más bella.
.
VIII
Nubla la tarde la campiña toda
de un otoño lluvioso. Se acomoda
.
un perro indiferente en la vecina
alberca. Cada tanto arremolina
el polvo, una brisa vespertina
que entristece. Monótona rechina,
.
en los pastos, la voz de una chicharra.
Las abejas se esconden. La tabarra
.
de algunas hojas secas incomoda
el extraño silencio que ilumina
el gemir irreal de una guitarra.
.
IX
Mira Estrella por la ventana abierta
el horizonte. La mirada alerta
.
busca a su amor en cada polvareda
que arremolina el viento en la vereda
que lo devuelve a casa. Solo queda
del sueño adolescente: la arboleda,
.
la sombra encubridora y el travieso
despertar con aquel ansiado beso
.
en los húmedos labios. La incierta
tarde los recuerda, en tanto rueda
el angustiante tiempo del regreso.
.
X
La luna se encamina nuevamente
a beber de la alberca. Se presiente
.
entre los pastos otra vez el grillo.
En el cielo, un misterioso brillo
la bóveda ilumina. Un pajarillo
se recorta fugaz sobre el sencillo
.
perfil del horizonte. Y parece
que hasta la brisa más sutil fenece
.
cuando cae la noche. El relente,
lustra el prado con singular cepillo
de fina seda y todo resplandece.
.
XI
Crepita en el fogón la dura leña
que calienta el hogar. En la pequeña

casa, un hombre solícito se afana
por atender a la mujer ufana
que por parir aguarda. ¡Tan cercana
ve la ansiada llegada! y ¡tan lejana!

que por momentos tiembla, desespera
y le brillan los ojos. Más, la espera

ha de durar aún porque se empeña
en nacer aquel sol por la mañana
como cualquiera flor, en primavera.