Felipe Grisolía

Europa

I
Relatan que, entre flores y ganado,
el «padre de los dioses» del pasado
.
descubre tus virtudes en Fenicia.
Cuentan que en el Olimpo, la codicia
de Zeus se desenfrena y su avaricia,
por gozar de tus dones en primicia,
.
a oriente lo conduce a seducirte.
En su amante desea convertirte
.
trocada su deidad en blanco astado
que, excitado en su afán por tu caricia,
a su grupa te monta por rendirte.
.
II
Y contigo, bravío, por jinete
atraviesa los mares y somete
.
la furia de los vientos con pericia.
Hasta Creta te lleva en la ficticia
aventura de un rapto que propicia,
con tu casta inocencia, su delicia
.
y te convierte en reina de los hombres.
Desde entonces, batallas y renombres
.
han hecho de tu historia un sonsonete
que cubre de laureles tu estulticia
sin que de nada, al parecer, te asombres.
.
III
Pero ya la aventura ha terminado,
vieja reina que mucho has cabalgado
.
y a quien tanto poder no beneficia.
Del viejo continente donde inicia
tu mítico romance y tu propicia
fortuna, te reclaman en justicia,
.
en aras de salvar tu propia historia.
Quizás tu conveniente desmemoria,
.
por todo cuanto oriente te ha legado,
debieras deponer y sin malicia,
volver la vista atrás para tu gloria.
.
IV
Es enorme tu hogar, sin sutileza,
con hábitos de estúpida nobleza,
.
donde campan el mal y la injusticia.
De todo cuanto existe beneficia
sus arcas, con maléfica impudicia,
tu necia sociedad cuya inmundicia
.
asuela con pesares y congojas.
Es hora, vieja reina, que recojas
.
tus ínfulas y olvides la pereza
porque la media luna da noticia,
de que tintan tu mar lágrimas rojas.