Carta importante

Tuve que quitar el buzón de la calle; estaba oxidado.

Al desmontarlo, adherido al fondo, apareció un papel que decía:

«La seño Mari dijo que las cartas sirven para pedir cosas.

Así que yo pido esto: que vuelvan.

Que vuelva mi amiga Lucía, que ahora duerme en otro pueblo con su abuela para poder ir al cole.

Que vuelvan los lunes con recreo largo. Los gritos en el pasillo. La risa de Mateo —ese que se reía raro—.

Que vuelva el señor Manolo, que tenía llaves de todas las puertas. Los cuentos. Y aquel día que nevó dentro del aula por culpa de la ventana rota.

Ahora todo huele a cerrado.

Los columpios chirrían menos porque nadie los empuja.

Papá dice que cerraron el cole porque ya no hay niños.

Yo cuento, ¿no?

Si es por números, puedo aprender el doble.

me disfrazo de dos.

me invento un hermano.

Haré lo que haga falta: plantaré árboles, pintaré carteles, reuniré a todos los amigos imaginarios que tengo… pero, por favor, que vuelva el colegio.

Los mayores están demasiado serios.

Los niños no podemos leer porque la seño guardó los libros bajo llave.

Si no hay escuela, este pueblo se muere.

Y yo no me quiero morir.

Si hace falta, lo pinto todo de colores.

Dejo esta carta en el buzón de la calle, donde van las cosas importantes.

Soy Pablo».

Ahora el buzón no existe, ni tampoco el colegio.

Durante muchos años pensé en qué habría pasado con aquella carta: si alguien la había leído, si se habría perdido o si, simplemente, llegó a quien no le interesaba.

Ahora lo sé: mi carta todavía no sabe a quién le importa..

-o-

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