El realismo paradójico es una forma de narrar que parte de una premisa imposible o contraria a las leyes de la realidad y la incorpora a un mundo cotidiano y reconocible. A partir de ese momento, la historia desarrolla con lógica realista las consecuencias de esa imposibilidad.
Lo extraordinario no es un adorno ni un elemento añadido para sorprender al lector: es el eje de la historia. Los personajes aceptan la anomalía y actúan en función de ella. Si se elimina esa premisa imposible, sus decisiones dejan de tener sentido y el relato desaparece o se convierte en otro completamente distinto.
Esta relación entre lo imposible y el comportamiento de los personajes es una de las características fundamentales del realismo paradójico.
¿En qué se diferencia?
Del realismo mágico
En el realismo mágico, lo extraordinario, lo mítico o lo sobrenatural convive con la realidad cotidiana y es asumido por los personajes como parte natural del mundo en que viven.
El realismo paradójico comparte esa ausencia de asombro, pero introduce una diferencia esencial: la anomalía constituye la premisa de la historia y determina su desarrollo. Los personajes no se limitan a convivir con lo imposible; sus decisiones y acciones tienen sentido porque esa imposibilidad existe.
De lo fantástico
En el relato fantástico, la aparición de un hecho imposible suele quebrar la normalidad. Los personajes pueden sorprenderse, inquietarse, dudar de lo que perciben, intentar explicarlo o modificar su comportamiento ante algo que contradice las leyes del mundo que conocen.
En el realismo paradójico, por el contrario, la anomalía no provoca esa ruptura. Los personajes la aceptan como un hecho y actúan desde ella. Lo imposible no interrumpe la lógica del relato: crea una nueva lógica que el relato desarrolla hasta sus consecuencias.
Afinidades y antecedentes
El mecanismo del realismo paradójico puede reconocerse en algunas obras anteriores, aunque sus autores nunca utilizaran esta denominación.
En La metamorfosis, de Franz Kafka, Gregor Samsa despierta transformado en una criatura monstruosa. La narración no se construye alrededor de la búsqueda de una explicación para esa transformación, sino sobre las consecuencias que provoca en su vida y en quienes lo rodean.
Algo semejante sucede en La balsa de piedra, de José Saramago. La península ibérica se separa físicamente de Europa y comienza a desplazarse por el océano. Aceptada esa imposibilidad inicial, lo que interesa es el mundo que se organiza a partir de ella y las conductas que provoca.
Estas obras no se presentan aquí como ejemplos de un género denominado «realismo paradójico», sino como antecedentes o afinidades narrativas que ayudan a comprender su mecanismo: una premisa imposible aceptada por el relato y unas consecuencias desarrolladas con lógica realista.
Por eso, la pregunta esencial del realismo paradójico no es:
«¿Cómo puede ocurrir esto?», sino: «Puesto que ocurre, ¿qué sucede ahora?»
Relatos
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