A merced del nuevo dios

Alicante – España / 5 de septiembre 2012, 11:55 a.m. /Un semáforo se pone en verde.

A MERCED DE DIOSMiguel no comprende lo que ocurre: aferrado al manillar de la moto nota que se separa del asiento. Los impulsos nerviosos le llegan atropellados al cerebro. Se le descontrola el tiempo: cada instante se hace eterno ya que cambia la secuencia natural de unos hechos previsibles por otra inesperada y desconocida. No tiene tiempo para adivinar. El instinto le dicta reacciones para proteger a Elena que le aferra por detrás. Desde lejos, le llega el sonido del golpe. El ruido es anterior al dolor y al razonamiento y a la sensación consciente de que una furgoneta  se ha cruzado indebidamente en su camino. Inconsciente ya, antes de tocar el suelo, Miguel, hecho un guiñapo inerte, queda tendido en el asfalto.

Al volver en sí, no recuerda nada. Trata de unir cabos sueltos. Poco a poco toma consciencia de que los han atropellado y de que está herido. Unas incomprensibles luces movedizas lo desconciertan. Sus labios, balbuceantes, llaman a Elena. La hija no responde. Tiene que saber qué ha sido de ella. Necesita incorporarse para correr en busca de la joven que llevaba de paquete; los músculos no responden. Alguien lo sujeta. Una voz agitada le dice que no se mueva. Él trata de entender dónde se encuentra y cuál es el significado de las luces blancas que pasan sobre su cabeza. ¡Rápido!, ¡rápido!, dice alguien.

Miguel deduce que ha perdido el sentido y comprende que está en un hospital tendido en una camilla. Ignora cómo ha llegado hasta allí. Insiste en moverse. « ¿Dónde está Elena?, quiere preguntar. ¿Qué ha sucedido con mi hija?». Habla, pero no escucha sus propias palabras. Ni siquiera puede controlar el temblor de los labios. Parpadea. Le cuesta razonar con coherencia. Desea protestar: no quiere que lo lleven a ninguna parte sin conocer el estado de su hija. No quiero, piensa. Pero se le cierran los párpados y vuelve a perder el conocimiento. Todo se vuelve oscuridad. Una oscuridad densa y profunda que los médicos que le asisten mantienen bajo control.

Durante muchas horas, Miguel permanece inconsciente. No se ha enterado de las pruebas preliminares que le han hecho ni de las transfusiones de sangre ni de las radiografías. Tampoco del diagnóstico que el portavoz del equipo ha trasladado a la sala: «Politraumatismo general con fractura inestable de la pelvis». Un caso grave. Hay que trasladarlo… Los minutos corren; las horas vuelan. El protocolo de Sanidad ya se ha puesto en marcha y todos a su alrededor se esmeran por mantenerlo con vida..

―Es un traslado delicado ―dice alguien cuando Miguel vuelve a tener contacto con la realidad―; lo están esperando. Id despacio… Dios, ¿es qué nadie entiende que no quiero que me lleven a ninguna parte? Otra vez las luces que se mueven mientras se lo llevan. Ahora sabe lo que esto significa y que no puede hacer nada por evitarlo. Todo está fuera de su alcance.

―Elena ―logra balbucear y alguien le responde:

―Tranquilo, Miguel, ella está bien, trate de descansar.

―Quiero verla.

―Pronto la verá, no se preocupe.

Miguel no se lo cree, pero no tiene fuerzas para replicar. Vuelve a perder la conciencia. La ambulancia recorre el breve trayecto que separa dos hospitales a una velocidad enervante, pero toda precaución es poca. Todos, desde el conductor hasta la enfermera que los acompaña, se mantienen alerta. Miguel recobra el conocimiento y sonríe a su acompañante. Su mueca es de resignación; no pronuncia palabra alguna como si se sintiera resignado con su suerte.

―Tranquilo, Miguel, ya estamos llegando…

Alcanza a ver a Elena un instante antes de entrar en la U.C.I.

Alicante – España / Hospital Central / 5-septiembre- 2012, 1: 25 p.m.

La luz intensa del quirófano atraviesa los párpados pesados del paciente y le devuelve a la realidad. A su alrededor percibe una gran actividad. El protocolo preoperatorio se está llevando a cabo, escrupulosamente, según las normas oficiales y las recomendaciones de la O.M.S. Pero Miguel ignora esto. Él espera que todo acabe pronto. En una inestable duermevela percibe el  suave roce de una tela contra su antebrazo.

―¿Puede oírme, Miguel?

―Sí

―¿Sabe lo que le ha pasado?

―Me la pegué con la moto ―dice―. ¿Cómo está mi hija?

―Fuera de peligro, solo ha sufrido unos rasguños, todo el golpe lo ha recibido usted. Estamos en el Hospital Central y le vamos a intervenir. Tiene fracturada la pelvis por varios sitios y ha perdido mucha sangre. Necesitamos su consentimiento antes de operar.

—¿Avisen a mi mujer?

―Está afuera; no pueden entrar…

Miguel se siente distante mientras una voz de hombre enuncia la  retahíla mecánica e incomprensible de la preparación: anestesia e instrumental, revisados. Medicación, intubación y aspiración aérea, ok. Sistema de ventilación, oxígeno, equipo de succión y dispositivos de urgencia, todos controlados. Supone que la voz es la del anestesista; algo recuerda sobre el tema. Lo están durmiendo. Trata de mantener los ojos abiertos. Está tranquilo. Hace unas pocas horas, piensa, iba tan campante con mi moto nueva y ahora esto.

―Plusioxímetro listo ―anuncia una voz de mujer.

―¿Instrumental?

―¡Listo!

―¿Equipo?

―¡Listo!

―¿Riesgo de aspiración?

―Ninguno.

―¿Reservas?

―Todas previstas.

―¿Antibióticos?

―Quince minutos.

―Ok, vamos allá. Enciendan los monitores.

―De acuerdo ―dice una voz de hombre que Miguel no ha escuchado antes. Todo el mundo se pone en movimiento. Alguien le quita la sábana que lo cubre y es lo último que percibe antes de volver a la oscuridad. Un zumbido leve inunda el quirófano…

Órbita geosíncrona sobre el ecuador / Satélite de comunicaciones con capacidad de recepción-emisión en tecnología HD /  5-septiembre-2012, 12: 26 p.m.

La información, procesada en alta definición con un ancho de banda de 18 Mbps, atraviesa el espacio y regresa a la tierra mediante fibra óptica. Las antenas terrestres captan la señal. Las pantallas reciben las primeras imágenes. En el cuerpo inerte de Miguel, a cientos de kilómetros, un cirujano practica la primera incisión.

Buenos Aires – República Argentina / Aula magna de la Facultad de medicina / 5-septiembre- 2012, 7: 27 a.m.

―¿Usted qué opina doctor?

―Que es una operación jodida. Triple fractura del ala ilíaca, rotura del isquion, dos arrancamientos, el anillo pelviano ha desaparecido… ¿Qué quiere que le diga? Un auténtico destrozo. La intervención va a ser larga y le veo pocas probabilidades. De la orden para que lo graben todo. Lo incluiremos en el seminario de la semana que viene.

―Ya lo están grabando. ¿Usted se queda?

―Sí, tengo una hora por delante todavía; quiero seguir el proceso…

Nueva York – EEUU / Mount Sinai Hospital / Magister for resident / 5-septiembre- 2012, 8: 27 a.m.

―What we are about to watch here is a serious surgery in Spain. We have been informed too late, so, please don´t take into account possible failures. Sit down and put on your headphones…

Tokio – Japón – X Congreso de Cirugía Pélvica / 5-diciembre-2012, 9: 27 p.m.

Los médicos asistentes al X Congreso de Cirugía Pélvica observan en silencio los avances de la operación. La pelvis destrozada de Miguel ocupa por completo una pantalla de 17 metros de longitud. Los dedos ensangrentados del cirujano localizan y extraen una minúscula astilla ósea incrustada en las paredes del riñón. El auditorio contiene la respiración…



Nota: Mi más sincero agradecimiento a Miguel, que aún se recupera del desgraciado accidente, por permitirme relatar su historia. 28/09/2018



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