Historias muy breves pero completas: humor, emoción, fantasía y alguna sorpresa.
Alas para quedarse (61)
Se quitó la piel como si fuera una blusa y al mirarse al espejo, vio la suma de todas las versiones que había vestido: la dulce, la sumisa, la que siempre decía que sí. Con cuidado, las dobló y las guardó en un cajón. Cuando notó el frío, la arroparon unas alas tibias que no eran para escapar, sino para quedarse.
Seleccionada en el Certamen ELLAS XXI de Diversidad Literaria.
Desde la cocina (105)
Cuando el viento viene del sur y se cuela por algún resquicio imposible, sé que viene de Buenos Aires. Hay veces que me trae olor a harina, a patatas hervidas; a salsa espesa, a albahaca machacada, a ñoquis amasados por la abuela ahuecados con un tenedor de mango corto.
Si me quedo quieto, la veo a ella: entra envuelta en su delantal de vapor, tarareando en un dialecto del Piamonte y me mira. Me mira como si yo tuviera la cara sucia.
No creo que eso sea locura; supongo que son cosas de la nostalgia que, a veces, me acerca fantasmas con hambre de memoria.
Engranado (195)
Engranado
Al pobre Julián Eschinka lo tenían acomplejado los granos. Y no era para menos. Desde que había entrado en la pubertad, su cara se había llenado de bultitos rojos acabados en una punta blanquecina que le desdibujaban el rostro. El pobre no sabía cómo quitárselos de encima. A diario, antes de salir para el colegio, se apretaba los que consideraba “maduros” con la intención de paliar su efecto devastador, pero era inútil, solo conseguía que en torno a cada pellizco se formara un halo rojo que lo resaltaba aún más. Sus compañeros de clase lo apodamos, indistintamente, “El choclo” o “El mazorca”. Lo más curioso del caso de Julián fue que los granos le habían arrebatado la facultad de pensar. O eso creo. De otra manera no se explica lo que hizo el día en que nos informó que pensaba salir con una chica. Debía estar muy desesperado para pedirnos consejo. Muy serios, le recomendamos que se frotara el rostro con una esponja enjabonada hasta que desaparecieran todas las puntitas blancas, que luego se secara y que, finalmente, se diera una buena friega con medio limón partido. Realmente, tenía que estar desequilibrado para hacernos caso…