RSS

Estrella (jotabeí)

Estrella: (Jotabeí) 1er premio internacional de poesía en rima Jotabé 2016

 

Se acalla el grillo entre la hierba verde
que bordea la alberca, y se pierde.
Quieta la brisa, las hojas no mueve.
Una miríada de estrellas llueve
en el estanque reposado. Breve
momento en que la blanca luna bebe.
Veloz traspasa el cielo una centella
cual anuncio fugaz. ¡Celeste huella!
No habrá mayor silencio que recuerde
ninguno como aquel instante leve
en que al mundo llegó la hermosa Estrella

Sale del vientre en la caliente aurora
como fruto del amor; tiembla y llora.
Brota cual semilla al cálido arrullo
de la mano sabia. Nervio y orgullo
de una flor, otra flor en su capullo.
Frágil brote del sin igual bandullo
es un tesoro de promesas lleno
que el hogar colma cual amado estreno.
Recién llegada y ya el silencio atora
y ante su voz, con singular murmullo,
se encoge el prado con amor sereno.

Comienza la mañana, el sol asoma
y habla cada color, su propio idioma.
Retorna el jilguero empedernido
a cantarle a su amada. Encendido
el aire, un puñado colorido
de mariposas suelta divertido.
La brisa, mientras tanto, silenciosa,
fino tamo sobre el camino posa;
mece el lirio que de la alberca aroma
y repeina la hierba. Prevenido,
el prado todo, de color rebosa.

Sale a jugar Estrella; la campiña
feliz la acoge. La graciosa niña
agita el polvo con su paso leve
mientras corre. En su mano de nieve,
un muñeco de trapo que ella mueve
con gracia singular. Su risa breve
bota en cada rincón y su alegría
renace a cada instante. Con porfía
de cada flor atenta se encariña
aunque no las arranca. No se atreve
porque dolerlas, su dolor sería.

Promedia la jornada, se desploma
inclemente el calor. Una paloma
arrulla con tenaz monotonía.
La oculta el ramaje, es mediodía.
La araña se recoge en su sombría
cueva, en tanto, la voraz porfía
de la colmena, en las bellas flores
se entretiene libando. Los olores
que cada fruto madurado toma
se trasmiten al aire y la alegría
de Natura se esparce en sus favores.

A la sombra de un árbol la más bella
flor suspira y sueña. ¿Puede ser ella
la que descubra al príncipe soñado?
¿La que de labios de su bien amado
el néctar beba del imaginado
beso de los cuentos? Inesperado
el sueño de la siesta llega y cierra
sus ojos, su mente deja la tierra
cabalgando la luz de una centella,
y cruza el mar, que imaginó dorado,
más allá del prado y de la sierra.

Y mientras duerme, el cielo precavido
vigila que en el prado no haya ruido
que interrumpa el momento, que la brisa
no llegue a despertarla; que sumisa,
se calle la paloma o que la prisa
de la araña en volver a su precisa
tela se disipe. Quiere que Estrella
siga siendo la idílica doncella
del cuento, donde el príncipe atrevido
llegue y audaz le bese la sonrisa
por ser, de todas, la mujer más bella.

Nubla la tarde la campiña toda
un presagio de lluvia. Se acomoda
un perro indiferente en la vecina
alberca. Cada tanto arremolina
el polvo, una brisa vespertina
que entristece. Monótona rechina,
en los pastos, la voz de una chicharra.
Las abejas se esconden. La tabarra
de algunas hojas secas incomoda
el extraño silencio que ilumina
el gemir irreal de una guitarra.

Mira Estrella por la ventana abierta
el horizonte. La mirada alerta
busca a su amor en cada polvareda
que arremolina el viento en la vereda
que lo devuelve a casa. Solo queda
del sueño adolescente: la arboleda,
la sombra encubridora y el travieso
despertar con aquel ansiado beso
en los húmedos labios. La incierta
tarde los recuerda, en tanto rueda
el angustiante tiempo del regreso.

La luna se encamina nuevamente
a beber de la alberca. Se presiente
entre los pastos otra vez el grillo.
En el cielo, un misterioso brillo
la bóveda ilumina. Un pajarillo
se recorta fugaz sobre el sencillo
perfil del horizonte. Y parece
que hasta la brisa más sutil fenece
cuando cae la noche. El relente,
lustra el prado con singular cepillo
de fina seda y todo resplandece.

Crepita en el fogón la dura leña
que calienta el hogar. En la pequeña
casa, un hombre solícito se afana
por atender a la mujer ufana
que por parir aguarda. ¡Tan cercana
ve la ansiada llegada! y ¡tan lejana!
que por momentos tiembla, desespera
y le brillan los ojos. Más, la espera
ha de durar aún porque se empeña
en nacer aquel sol por la mañana
como cualquiera flor, en primavera.

Felipe Grisolía – 2016

 

 

Anuncios
 

Los comentarios están cerrados.

 
lascosasqueescribo

Encontrareis relatos, micros, poemas y otras curiosidades

La lengua arrancada

Diánoia: Escribo como si hubiera con quién dialogar.

Zenaida Wheels

Movimiento y relato

corazón de semilla

la educación libre en Gran Canaria

Tinta en las grietas

Montse Espinar

Las plumas del mochuelo

Relatos ilustrados de Felipe Grisolía

Lulibelula's Blog

Un segundo de vida... digital

A %d blogueros les gusta esto: